No hace mucho que conocí a Blanca Altable, y desde el primer momento ya me pareció una persona entrañable.  Me dispuse a entrevistar a esta violinista burgalesa de 29 años que se ha ganado un hueco en el panorama folk español.

¿A qué edad empezaste en la música?

De muy pequeña, a los cinco años, pasando por varias academias de la ciudad. La música la tenía bien cerquita, se oía mucho en casa, mi padre, mi abuelo…

¿Qué instrumentos tocas?

Me encantaría poder tocar el violoncello, el piano, la guitarra, cantar bien, pero de momento con el violín me conformo.

Dicen que no es cuestión de tocar muchos instrumentos, sino de dominar uno, y en mi humilde opinión es tu caso…

Bueno, ya me gustaría, me falta mucho para ello.

Camino llevas de ello Blanca…cambiando un poco de tema, cuéntanos un poco sobre los proyectos en los que has estado y estás actualmente.

Mi primer grupo fue cuando tenía 16-17 años, y como todo a esa edad empieza entre un grupo de amigos que nos juntábamos para pasarlo bien y disfrutar tocando. Este grupo era Los Fenians que hacíamos música celta gallega e irlandesa. Ahí estuve hasta que me fui a estudiar a Venecia, un par de años en el que dejé de lado la música. No sé si fue justo antes de volver a España, una de mis grandes influencias Alasdair Fraser solía decir que “para qué vas a tocar como un escocés si no lo eres, qué puedes aportar tú desde tus raíces”, es decir que aunque quieras hacer una música de un sitio u otro, lo que verdaderamente importa es poder adaptar la música de tus antepasados con otras músicas. Ahí me empecé a dar cuenta que el folk tradicional castellano tenía mucho valor y mi abuelo Simón Altable me influenció mucho. Había crecido con el sonido de la dulzaina y la verdad es que en el fondo me gusta, me tira mucho, me encanta oir una jota, no sé..

A tu abuelo le conocí de bien pequeño, todavia me acuerdo cuando asistía a clases de percusión en la Escuela Municipal de Dulzaina, y coincidíamos en las escaleras, y le ayudaba a subir. Incluso fíjate que mi primer “bolo” con un un grupo de danzas fue acompañándole a él. Tengo un gran recuerdo suyo.

Después de ese punto de inflexión digamos que tu carrera musical dio un giro

Sí, la verdad que a partir de ese momento, y con la influencia tradicional de mi abuelo empecé a colaborar con el grupo Condestables, porque yo pensaba qué mejor forma de plasmar el sonido castellano e iniciar algo más de ese estilo. Allí estuve un par de años, y decir que me sirvió mucho.

Después un día en el Patillas conocí a Salvador Amor, que venía a un certamen de cantautores y charlando me dijo si me interesaba tocar con él. Tras unos meses sin saber nada, de pronto me llamó y ya desde entonces he estado en varios conciertos y grabaciones suyas. Le considero uno de mis mejores amigos y aunque el rollo cantautor no esté dentro de mis géneros favoritos, tengo que reconocer que él me llega y siempre me gusta poder participar en sus trabajos.

En 2008 en un Crisol de Cuerda hablando con  Chuchi Cuadrado dijimos de montar algo juntos, el no lo dudó y desde entonces no hemos dejado de tocar. Decidimos apuntarnos al Prau en 2009 y ahí es cuando ya le dimos nombre al asunto...Blanca Altable y Chuchi Cuadrado. Un año después ganamos el premio Injuve y esto nos reforzó para seguir con el proyecto. Esto nos permitió en 2011 viajar a lugares como Croacia donde representamos a España en el Ebu Folk en el seno de la Unión Europea de Radiodifusión; Sudáfrica, Sudán, Seychelles… En 2012 bajamos un poco el listón debido a otros proyectos, y ya este año nos hemos propuesto el grabar otro disco.

Uno de esos otros proyectos que inicié el año pasado, fue tras charlar con Jesus Parra me propuso el montar algo, lo cual en un principio me quedé “flipando” y totalmente halagada ya que Jesús con la trayectoria que tiene de haber tocado con mucha gente y tal que te diga de montar algo con él, ¡es mucho!. Pues le dije que sí y empezamos en plan dúo. Al poco tiempo me di cuenta que en el fondo era algo muy parecido a lo que ya tenía con Chuchi y dijimos de que entrara más gente. Por ello se unieron Zulaima Boheto con el violoncello y Blanca Agudo con las percusiones y voz. Lo llamamos Cira Qu y en él tienen cabida jotas, mazurcas, seguidillas tradicionales castellanas pero vistas particularmente desde otra perspectiva.

Se puede decir que estamos en una época dorada del folk en España, con numerosos e innovadores proyectos. ¿Qué opinas tú de ello?

Yo creo que la situación del folk es buena. Yo suelo asistir a todos los conciertos que puedo y veo cada vez más público interesado en estos estilos. Se puede decir que en los 80, recién acabada la dictadura surgieron iniciativas de recuperación de las músicas de raíz, y bueno luego en los 90 saltaron a la palestra grupos como Luar na Lubre, Carlos Nuñez,…que digamos estaban más orientados al pop con baterías y así.

Actualmente no nos podemos quejar en cuanto a proyectos, y es que hemos coincidido músicos de la misma edad con los mismos gustos, gente super sencilla y que hemos dado un aire nuevo al folk. Quitando de esta manera el aire “casposo” y anticuado por el que igual se había tachado injustamente. Pero es que “allá tú si te avergüenzas de tus orígenes”.

Creo además que las dos corrientes del folk, una más tradicional y la otra más moderna tienen que convivir porque se necesitan una de la otra con un público más abierto en la nueva pero sin olvidar que la base viene de antes. Espero y estoy segura que va a ser así, el folk  poco a poco ha ido creciendo, gracias a nuevos grupos o iniciativas como Crisol, la gente está orgullosa de lo que hace. Piensa que en Crisol la mayoría del público es adolescente, lo que demuestra que ya hemos perdido ese prejuicio ante estas músicas y que hay cuerda para rato.

¿Cuál crees que ha sido el concierto de tu vida?

Es difícil contestar a esta pregunta…pero me quedaría en general con aquellos que hemos dado en salas pequeñas donde el público está muy cerca. Uno que guardo un gran recuerdo es el dado en casa de Tatiana Hargreaves  en Oregon (EE.UU), que llegábamos destrozados por el jet lag, pero allí se produjo una mezcla de buen rollo y magia en terreno de una eminencia en el country y  folk mundial, ¡imagínate!

Y otro que también tendré en la retina, es el que dimos precisamente aquí (La Casa de las Musas) hace unos meses con Cira Qu.

¿Con quién te queda la “espinita” de no haber tocado nunca antes?

Hay mucha gente con la que me gustaría tocar, por ser referencias mías desde siempre y que siguen estando ahí, como por ejemplo Arkaitz Miner, Begoña Riobó, Jorge Arribas, Diego Galaz,…

Si nos salimos del folk, ¿qué otros estilos sueles escuchar?

Últimamente escucho mucho rock de los 70, funk, soul, americana, y luego también música instrumental, gipsy jazz. Aunque con todas las etiquetas que existen hoy en día, el denominador común es la música acústica, porque me parece muy auténtica. Luego ya depende del momento  y soy de la opinión que cada estilo musical es un lenguaje, por lo que hay que intentar escuchar y saber sacar lo positivo de cada uno de ellos.

¿Además de la música que otras aficiones tienes?

Me gusta salir con los amigos, disfrutar del aire libre. Como espectadora el arte en general ya sea pintura, fotografía,…y gracias a mi madre he podido descubrir la apicultura recientemente, algo que me fascina.

Bueno Blanca, darte las gracias por habernos dado a conocer un poco más sobre tu trayectoria, y animarte a que sigas mostrando esa dulzura a través del violín.

¡Gracias a ti salao! Por acercar al público en general otras músicas y disciplinas fuera de lo habitual. ¡A seguir así!

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